La trágica muerte de una joven pariente de Beatriz Kopp de Gómez marcó su vida para siempre. Años después ella leyó en el periódico The New York Times un texto publicado por la organización “Concern for Dying”, el cual presentaba testimonios reales de pacientes que habían firmado un documento que les garantizaba acceder a un buen morir y sus familias contaban cómo ello había sido de gran ayuda, en contraste con los casos en los que no existió dicho documento, en los cuales no se pudo hablar de una muerte digna.

La Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente fue creada el 1 de agosto de 1979 bajo el nombre Fundación Solidaridad Humanitaria, por la filántropa Beatriz Kopp de Gómez y un grupo de médicos y abogados, con el objetivo de dar a conocer la posibilidad de expresar mediante un documento la voluntad de una muerte digna cuando una enfermedad o accidente haga imposible un buen vivir.

En el año 1983 la Fundación cambió su nombre por el actual. Gracias al trabajo realizado y a su trayectoria, se ha ganado el respeto de las instituciones médicas del país y se ha consolidado como un referente en la región, al ser la única Fundación de América del Sur que aborda esta temática.

Actualmente, médicos/as, enfermeros/as, abogados/as, sacerdotes y psicólogos/as hacen parte de los colaboradores de la Fundación, de tal manera que se promueven espacios interdisciplinarios en los que los pacientes y sus familias pueden obtener más información sobre el derecho a morir dignamente.

Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, 40 años promoviendo la cultura del morir con dignidad en Colombia.

Angela Maria Cardona Rivas (mariangela.cardona@gmail.com /Celular 305 296 40 70)

 Durante el mes de septiembre se celebran 40 años de existencia de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente (DMD) y el aniversario de la muerte de su fundadora Beatriz Kopp.

 

El Derecho a Morir Dignamente, aunque reciente y parcialmente reglamentado y divulgado, no es un concepto ajeno a los colombianos. Antes de ser un derecho fue un reclamo civil, promovido desde 1979, por la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente. El compromiso de la fundación con esta causa, el respaldo de un sector de la sociedad y el éxito de su trayectoria, muestran que Colombia no es solo el país de la muerte violenta, es también el país de la muerte digna.

 

La trayectoria de DMD es el resultado del trabajo de un grupo de personas y sus esfuerzos por promover la circulación de una idea nueva y por consolidar un proyecto humanitario, que a su juicio, haría mejor a la sociedad colombiana: el derecho a morir con dignidad. Su apuesta no parecía promisoria en un país pobre, católico y violento, pero los movía una voluntad inquebrantable de ser “los emisarios de un cambio de actitud” y hoy se puede decir que lo lograron.

Este tipo de historias, no tan populares ni apetecidas en Colombia, hablan del país de una manera que nos permite reconocernos y pensarnos de otras formas. Nuestras relaciones con la muerte son complejas y no solo están determinadas por el miedo al castigo divino y a la violencia. Los colombianos que, hace cuatro décadas, recibieron esa idea nueva, se permitieron pensar y hablar de su muerte, se afiliaron a la fundación y firmaron un testamento llamado “Esta es mi voluntad” donde declaraban sus ideas al respecto, son representativos del pluralismo ideológico del país antes de que este fuera legitimado en la Constitución de 1991. Sus actitudes ante la muerte muestran a una sociedad autónoma y decidida a ejercer su libertad responsablemente.

Tal como afirman los historiadores Michael J. LaRosa y Germán Mejía, en el libro Historia concisa de Colombia, “el enfoque de muchos textos de historia en la violencia política, las drogas ilegales y la corrupción encubre una historia menos dramática, pero más importante en términos constitucionales, de sucesión presidencial, y de una preocupación por los derechos sociales de la gente que se hizo evidente con la nueva Constitución de 1991”. Así, un caso como el del movimiento por la muerte digna y su posterior tránsito de reclamo civil a derecho fundamental, posible precisamente por tal Constitución, se perfila como un ejemplo de esa historia encubierta, menos escénica pero bastante importante, de una parte de la sociedad civil y de su preocupación por los derechos sociales. 

Hace 40 años, cuando Beatriz Kopp introdujo la idea de la muerte digna en Colombia, el concepto no existía en el país. Tampoco existía, para gran parte de la población, el riesgo de ser víctima del hoy denominado obstinamiento terapéutico. Kopp sí conocía las dos cosas y las circunstancias bajo las cuales tuvo contacto con estas ideas y experiencias las relató en reiteradas ocasiones: vivió muy de cerca la muerte larga y terrible de una parienta muy joven que la impactó profundamente; ella misma superó con radioterapia un cáncer de seno en 1970; y un poco más tarde conoció en Nueva York a la organización Concern For Dying y el documento de voluntad anticipada, Living Will.

 

Las relaciones que sostuvo a partir de entonces con esta organización fueron determinantes para trazar una brillante trayectoria en el movimiento internacional pro muerte digna y para la creación y gestión de DMD en Colombia. Cuando quiso crear una organización similar en el país, convocó, para conformar la junta directiva, a un grupo de personas muy influyentes en los campos de la medicina, el derecho y, un poco más tarde, en el de la religión, incluyendo a reconocidos sacerdotes jesuitas como asesores de ética.

 

Desde aquel momento el país comenzó a figurar dentro del movimiento mundial contra, lo que se ha llamado, la denegación occidental de la muerte, pues hizo parte del grupo de países pioneros en la creación de iniciativas de este tipo como fueron Estados Unidos (1968) y Japón (1976) y antecedió las de España (1984), Australia (1997) y Suiza (1998). DMD pertenece a la Federación Mundial de Sociedades por el Derecho a Morir (WFRtDS por sus siglas en inglés) desde la primera convención en Oxford en 1980 y fue durante 37 años la única fundación de esta naturaleza en América Latina (en 2015 se creó una en México).

 

La iniciativa y gestión de Beatriz Kopp merece ser reconocida hoy, en su singularidad, como un proyecto democrático, ético y político. La importancia que ha cobrado el tema de la muerte digna, en estos 40 años, en el mundo moderno occidental y la urgencia de políticas que contemplen la problemática del morir para garantizar la dignidad y la autonomía de los ciudadanos en torno a su final, muestra en qué medida el temprano interés de Kopp por hacer que el país entrara en este movimiento mundial, fue visionario y audaz.

La problemática actual de la agonía y la experiencia del morir se cifra en que ha sido arrebatada al moribundo y a su grupo íntimo y se circunscribe cada vez más al hospital. Este fenómeno, conocido como medicalización de la muerte, empezó a ser estudiado y resistido a finales de los años cincuenta en Estados Unidos. Las iniciativas conjuntas que aparecieron y tomaron fuerza en ese momento, denunciaron este modelo del morir y lo consideraron sintomático de una actitud hacia la muerte que era preciso combatir; tal actitud se expresaba en un rechazo de la muerte, una negación, especialmente visible y problemática en el mundo occidental.

 

En tal contexto y en el seno de un estimulante clima intelectual, surgieron investigaciones, congresos y una abundante producción bibliográfica sobre el tema del morir y el duelo, así como empezó a consolidarse el movimiento por el derecho a morir con dignidad y el movimiento hospice, de cuidados paliativos. El historiador francés Philippe Ariès, consideró este fenómeno de revaloración y defensa de la experiencia del morir como una “inversión completa de las actitudes” hacia la muerte y celebró su emergencia en el ahora clásico libro El hombre ante la muerte.

 

Así pues, la Colombia de 1979 fue pionera en adscribirse a este naciente movimiento de resistencia contra la negación occidental de la muerte. A través de publicidad, artículos de prensa, una famosa cuña televisiva a cargo de Fernando González Pacheco, programación académica y de la divulgación del documento de voluntad anticipada (DVA) “Esta es mi voluntad”, DMD ha fomentado, a lo largo de su trayectoria, la cultura jurídica en favor de la dignidad al final de la vida. Desde entonces este documento ha permitido a los pacientes y sus familias, en un momento crítico de salud, legitimar ante los hospitales la autonomía frente a su propia vida al expresar por anticipado su voluntad y potestad para rechazar medidas terapéuticas excesivas o dolorosas para la prolongación artificial de la vida.

 

Dieciocho años después, cuando en 1997 la Corte Constitucional despenalizó la eutanasia en la sentencia C-239, gracias a la ponencia de Carlos Gaviria Díaz y al respaldo de los magistrados, el trabajo de DMD ya había sensibilizado a una parte de la sociedad colombiana frente al tema.

 

Beatriz Kopp nació el 17 de noviembre de 1921 y murió el 15 de agosto de agosto 2006. Fue hija de Leopoldo Kopp y Olga Dávila. Su abuelo, el alemán Leo Siegfried Kopp, llegó a Colombia alrededor de 1880 y más tarde, en 1889, fundó la cervecería que luego se convirtió en la más grande de Colombia, Bavaria.

 

Kopp manifestó desde muy joven una alta sensibilidad social que puede apreciarse al observar la naturaleza de otros asuntos que le interesaron; lideró proyectos para impulsar importantes causas sociales que, aunque en su momento pudieron parecer extravagantes, fueron mostrando pronto su potencia y pertinencia y vincularon al país con ideas y movimientos que impactaron positivamente a la sociedad colombiana.

 

Uno de ellos fue la creación de la primera escuela de Ballet clásico de Colombia en 1947, cuando tenia 25 años, y que le implicó desafiar no pocos prejuicios. Por ejemplo: estimuló la presencia masculina entre su alumnado con becas para todos los muchachos y usó su carisma personal para sensibilizar a los colombianos y a la iglesia católica -que se mostró escandalizada por el vestuario- a la estética del ballet. Tal como se afirma en el libro conmemorativo de los 35 años de DMD: “Más allá de ser pionera, el sentido y el impacto de su enseñanza del ballet calaron en una sociedad incendiada y desmembrada como era la Colombia de la Violencia”.

 

Más tarde, a partir de 1967, realizó una labor activa por la defensa de la planificación familiar como miembro de la junta directiva de Profamilia, al lado de su fundador el doctor Fernando Tamayo OgliastriKopp fue pues una mujer de avanzada para su época cuyo liderazgo en estos campos permite dimensionar su estatura intelectual, visible ya en su trayectoria profesional antes de incursionar en el movimiento por el derecho a morir con dignidad

 

A lo largo de estas décadas DMD ha sido el más importante centro de actividad intelectual alrededor de la muerte digna en Latinoamérica. Allí han confluido reconocidas personalidades que desde distintas disciplinas enriquecieron la discusión sobre este tema polémico y se han esforzado por promover el respeto por las desiciones personales al final de la vida. La psicóloga Isa Fonnegra, los médicos Fernando Sánchez Torrres, Juan Mendoza Vega, Eugenio Trías, y el sacerdote Alfonso Llano, fueron figuras fundamentales para la sensibilización de los colombianos hacia asuntos como la muerte digna, la eutanasia, los testamentos de voluntad anticipada, el duelo y la ética médica, a través de sus libros, conferencias, cátedras y artículos de prensa.

Desde el 2004 Carmenza Ochoa es la directora ejecutiva de la fundación y ha mantenido y promovido el espíritu de la libertad de elección que caracteriza a este movimiento. Las personas que visitan la oficina de la carrera 11 con calle 73 en Bogotá, para solicitar información casi siempre en medio de situaciones angustiantes, reciben por lo general más que eso. Independientemente de las decisiones que tomen para ellos mismos o para apoyar a sus allegados, se sienten aliviados del peso psicológico que las acompaña al percibir el respaldo que tienen sus propias ideas y decisiones sobre el final de la vida, en el seno de una comunidad amplia y en el marco de un ordenamiento jurídico que defiende la autonomía, la dignidad y la compasión. De este alivio y de la gratitud de estas personas que recibieron apoyo de DMD dan cuenta cientos de testimonios, algunos de los cuales han sido publicados en los boletines que emite la fundación desde 1983.

El hecho de que en Colombia existan la fundación Pro Derecho a Morir Dignamente desde hace 40 años y el Derecho a Morir con Dignidad desde 1997, implicó una trayectoria y unas conquistas relevantes. Los valores y los ideales éticos y políticos de aquellos que los promovieron, alcanzaron reconocimiento y legitimidad a nivel cultural, político y jurídico.

 

Gracias al camino abierto por ellos y por aquellos que reclamaron la garantía de su derecho, como el señor José Ovidio González por nombrar al más reconocido, hoy se aplica la Resolución 1216 de 2015 que permite a los colombianos, en unas condiciones claras y verificables, solicitar la eutanasia; o como lo denominan en el documento, la muerte anticipada.

 

La idea de la muerte digna la comparten y defienden otros grupos de personas en sociedades consideradas muy avanzadas, liberales, pacíficas y democráticas y, sin embargo, han experimentado muchos tropiezos en su afán de alcanzar conquistas similares a las alcanzadas en Colombia. Por ello, el caso colombiano es importante en el marco más amplio del problema político que en la actualidad representan los reclamos civiles por el derecho a morir con dignidad en el mundo occidental y es preciso que los colombianos reconozcamos esta singularidad y las luchas de aquellos que la hicieron posible.


Beatriz Kopp de Gómez

Nuestras Memorias