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“Si usted esta incapacitado para expresar
Su voluntad de rechazar soportes artificiales
 Al final de su vida, el documento “Esta es
 Mi Voluntad” se expresará por usted”.

Estas son respuestas a algunas preguntas relacionadas con la manera como usted puede hacer valer sus decisiones por medio del documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”.



PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué clases de decisiones de atención médica tendré que enfrentar?

Cuando usted acude a un hospital moderno, espera la mejor atención posible y esto puede incluir una variedad de exámenes y tratamientos. Puede haber muy poca discusión sobre la atención de rutina, por ejemplo, radiografías, análisis de sangre y medicamentos. Sin embargo, algunos tratamientos pueden ser dolorosos, algunos pueden tener riesgos considerables y otros pueden tener poco beneficio; tales tratamientos exigen una discusión considerada y deben ser analizados con atención.
El médico debe discutir esos tratamientos con usted y explicárselos tan ampliamente como sea posible: el diagnóstico, los tratamientos y las alternativas. Tomando en cuenta las explicaciones y consejos del médico, usted como paciente, tomará la decisión. Naturalmente, considerará los consejos del médico y a menudo eso es lo que le servirá de guía. El médico debe respetar su decisión o dejar de atenderlo para que otro médico pueda tratarlo de la manera que usted haya indicado. Usted tiene el derecho y el deber de aceptar o rehusar cada forma de tratamiento que se le proponga y el derecho de cambiar de parecer. De hecho, muchos médicos han notado que el paciente que interviene en la toma de decisiones disfruta de mejor progreso clínico.

¿Quién toma mis decisiones médicas?

¡Usted mismo! Siempre y cuando sea capaz de comunicarse. Cuando no pueda hacerlo, las personas que usted haya nombrado como testigos y, en ciertas situaciones, su documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”, se encargaran que reciba la atención que haya escogido.

¿Qué pasa si no me puedo comunicar directamente?

Al firmar el documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”, sus deseos quedarán muy claros para todos.
 

¿Cumplirá el personal de ambulancia las disposiciones de el documento “ESTA ES MI VOLUNTAD?

Las indicaciones referentes al efecto de un documento “ESTA ES MI VOLUNTAD” en una emergencia son las mismas que se aplican cuando no hay emergencia. Usted y su familia deben hablar con las personas que le atienden para asegurarse que las disposiciones del documento “ESTA ES MI VOLUNTAD” sean cumplidas por el personal de servicios de emergencia y los médicos bajo cuya dirección se encuentran.
Si usted está convencido del Derecho a Morir Dignamente,  y cree que ir a un Hospital en un momento crítico solo prolongará su sufrimiento, no llame a una ambulancia, solo llame a su médico y pídale que controle sus síntomas en su casa.  Y si llegado el momento por su situación es imperativo llevarlo a una clínica u hospital, (por ejemplo por una hemorragia, o una fractura de fémur), recalque que una vez estabilizado desea volver a su casa.

¿Qué deberes tienen mis testigos?

Si designa a alguien para que tome las decisiones médicas en su nombre, es importante que hable con franqueza con esa persona acerca de sus deseos. Sus testigos están obligados a hablar en su nombre y a hacer cumplir lo que usted hubiera deseado.


¿Qué ocurre si no tengo firmado el documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”?


Si no comunica sus deseos por escrito en el documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”, su tratamiento se basará en los hechos médicos, en lo que haya expresado oralmente acerca del tratamiento que quisiera y en la información que su familia proporcione acerca de sus deseos. Tenga presente, sin embargo, que lo que usted haya dicho previamente de manera casual o general acerca de tratamientos médicos no será de mucha utilidad para su familia y su médico cuando llegue el momento de cumplir sus deseos específicos. Es necesario que invierta tiempo y esfuerzo para hablar acerca de estos asuntos detalladamente con su familia y su médico y deje su voluntad por escrito.

Si rehúso ciertos tipos de tratamientos que mantienen la vida, ¿qué efecto tendrá eso sobre otros tratamientos médicos?
Ninguna decisión que tome de rehusar tratamientos específicos tendrá efecto sobre otros tratamientos médicos. Siempre tendrá derecho al mayor alivio posible y a que los tratamientos se le proporcionen de una manera digna. Recibirá los tratamientos médicamente adecuados hasta que ya no estén clínicamente indicados.


¿Con quién debo hablar acerca de mis intenciones?


Usted debe hablar sobre todos estos asuntos en detalle con su familia y su médico, debe conseguir orientación con respecto a los tratamientos específicos que puede elegir o rechazar.  Sus médicos, su abogado y los miembros de su familia deben tener una copia de su documento.  Su médico lo ayudará a preparar las pautas específicas referentes a las alternativas de tratamiento. Un Sacerdote o su asesor espiritual también serán de gran ayuda.

Si tengo más preguntas relacionadas con el documento “ESTA ES MI VOLUNTAD”, ¿con quién me debo comunicar?
Con el personal de la Fundación pro Derecho a Morir Dignamente, siempre atento a responder todas sus inquietudes.
Dirección Cra. 11 No. 73-44 Of. 508
Tels. 3454065-3473365   e-mail: info@dmd.org.co


TESTIMONIOS

“Esta es mi voluntad”

Mi abuela, fue miembro de la su fundación desde hace muchos años. En realidad no se hace cuanto me mostró un documento firmado por ella y por mi abuelo y me indico que, si llegaba el momento, ella quería morir tranquila.

A principios del mes de abril, durante semana santa, llego el momento. Fue una época difícil para los nietos que acompañamos a esa abuela que durante tanto tiempo fue el centro de nuestra vida. Pero en esta situación, la claridad que siempre tuvo de no hacer esfuerzos inútiles, y esa firmeza con que me mostró hace muchos años ese documento, fueron un factor importante para tomar las decisiones que quedaron en nuestras manos.


No es fácil tomar la decisión de dejar ir a nuestros seres queridos, pero fue más sencillo sabiendo que ella tenía claro que no deseaba estar conectada a aparatos o sosteniendo una vida en un cuerpo que, luego de 94 años, buscaba una manera de descansar.

Gracias por lo que hicieron por ella, gracias por lo que hicieron por nosotros. Algunas veces sólo hace falta la claridad que nos da el valor de tomar las decisiones correctas.

Clara Villegas
 
Envigado – Antioquia

 

Dos meses después de la muerte de mí padre, afiliado a su fundación, tengo la tranquilidad para escribirles este mensaje. El motivo fundamental es agradecer que exista un grupo de personas realizando una labor tan poco entendida por la sociedad.
En el caso de mi padre, agradecer profundamente la solidaridad brindada por la Fundación, pues nos orientaron y apoyaron durante el tiempo de hospitalización. Sentir solidaridad en esos difíciles momentos y hacer que el paso que todos en algún momento debemos dar, se pueda asumir de una forma tranquila y que frente a la inminente partida de un ser querido se tenga la sensación de estar acompañándolo adecuadamente, es algo que realmente tiene un gran significado.
Mis reconocimientos y los de mi familia por el profundo sentido humano del trabajo que realizan.

Antonio RIncón

 

Mi nombre es Ana Mercedes Pérez, vivo en los Estados Unidos, en el estado de Arizona. Hace poco estuve en Colombia por la muerte de mi hermana Juana María, a quien la Fundación ayudo de una manera tan especial que fue casi como un milagro la paz en que partió, aprendimos de ustedes y de nuestra hermana lo que es el verdadero amor. La muerte de mi padre amarrado a la cama del hospital tratando de arrancarse los cables, dejo una herida profunda en mi alma. La muerte de mi hermana dejo una marca de amor y de paz.
Soy voluntaria del Hospicio (una organización maravillosa también) y quisiera tener la oportunidad de ayudar a los demás de la misma manera tan absolutamente hermosa y llena de amor con que ustedes han ayudado a mi hermana y a tantas personas.
Envío un abrazo para todos ustedes, junto con mi profunda gratitud.

Ana Mercedes Pérez



Mi padre fue un roble toda su vida. Cuando empecé a verlo tropezarse con las paredes supe que algo no estaba bien, pero no quería enfrentarlo. Un día no pudo cerrar la puerta de la casa y quedó paralizado en el portón sin poder moverse. Mis hermanos y yo quedamos muy confundidos; nunca lo habíamos visto tambalearse de una u otra forma; ese día supimos que algo muy grave se nos venía encima. Es evidente que todos sentimos cuándo la muerte se acerca, pero nos hacemos los de la vista gorda y tratamos de ocultar todas las señales que nos anuncian su llegada. En cuestión de una semana, mi papá no se podía ni siquiera parar de la cama para ir al baño. Muy asustados llamamos al médico y después de examinarlo y hacerle un examen neurológico, se sentó con nosotros en la sala y nos dijo que no había nada que hacer: Mi papá se iba a morir. En ese momento fue que obligatoriamente tuve que enfrentar por primera vez la muerte.

Fue tan rápida la caída de mi padre que no tuvimos tiempo de pensar; resultamos haciendo turnos de noche para cuidarlo y acompañarlo; muy pronto quedó sin habla. Sentimos que era hora de avisar a los familiares, aunque él había insistido en que no lo hiciéramos. Empezaron a aparecer las opiniones y todo ese proceso terminó en una hospitalización. El primer diagnóstico que nos habían dado era erróneo. Nos habían dicho que tenía una isquemia cerebral cuando lo que realmente sufría era un cáncer de pulmón con metástasis en el cerebro. Afortunadamente y con ayuda de Dios, dimos con un oncólogo que nos explicó de una forma muy hermosa el proceso por el que estaba pasando nuestro padre y nos sacó del mar de indecisión y tormento por el que estábamos navegando. Una de las frases que más recuerdo de toda la charla que nos dio es la siguiente: Acompañen a su padre en este viaje final; porque la muerte puede convertirse en un viaje. Nos explicó que la quimioterapia ya no tenía sentido para una persona de ochenta años, que eso en vez de darle salud y bienestar le quitaría la poca calidad de vida que pudiera tener. Nos dijo también que le diéramos gusto en lo que quisiera porque en su caso, no quedaba más que darle tranquilidad… Al final dijo que de todos modos la decisión era nuestra. Mi hermano mayor había escuchado de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente en la radio y, ante la inminencia del diagnóstico, no dudamos ni un minuto en buscar su ayuda. Fue la mejor decisión que pudimos tomar.

En medio de nuestra ignorancia sobre la muerte, el cómo enfrentarla; también estaba nuestro absoluto desconocimiento sobre las enfermedades terminales; todos los dolores por los que pasan los enfermos, lo que implica su cuidado, las crisis, los procedimientos médicos y todas las demás cosas que sólo conocen quienes han tenido que vivirlo. Decidimos ir por información y descubrimos que enfrentar la muerte a la cara y sin contemplaciones era lo más acertado y lo que da paz en medio de la tensión y la angustia. No sólo comprendimos que no hemos sido educados para enfrentar un proceso tan doloroso y cruel como es el fallecimiento de un ser querido. También conocimos las etapas por las que pasa un enfermo terminal y quienes lo cuidan, cómo podemos ayudarlo a desprenderse, a aceptar su enfermedad; cómo tomar las decisiones respecto al manejo médico que es tan complicado, cómo despedirnos poco a poco y así enfrentar la muerte sin tanto dolor y sufrimiento. Fue importantísimo conocer la Fundación porque entendimos que ante el inmenso dolor que produce la muerte, la gente prefiere prolongar la existencia de sus seres queridos mediante cualquier método o aparato con tal de no soltar a la persona y dejarla ir, ya sea por culpa, miedo o egoísmo. No es nada fácil soltar y dejar partir.

Lo que pude comprender de todo ese proceso tan fuertemente doloroso, pero a la vez espiritual y profundo, fue lo siguiente: los procesos terminales son una forma de comprender la vida. No hay nada que nos arroje más hacia la vida que el enfrentar la muerte y la enfermedad. Y ese mismo hecho nos obliga a aceptar que en la existencia de todo ser humano todo tiene su proceso y su fin: todos nos vamos a morir. Es lo único cierto que tenemos, pero también es lo único que rechazamos tajantemente. El leer los folletos de MD, los libros, hablar y recibir una mano amiga fue determinante para que pudiéramos reparar una relación filial que era bastante complicada y difícil. Como hija de un hombre que no tuvo mayor contacto conmigo, pude sanar una pena hondísima que no hubiera podido ser sanada de otra forma. Mi padre se fue y pude acompañarlo en su despedida con un amor incondicional, comprendiendo cada uno de sus estados, de mis necesidades, de mis falencias. Pude darle el amor que no pude darle antes. La enfermedad lo transformó a él y me transformó a mí. Lloré su muerte, pero también rescaté la vida que la historia nos robó. De no haber tenido el coraje de enfrentar su enfermedad y su partida, no hubiera podido experimentar la sanación y la liberación que me permitieron acompañar a mi madre en un viaje más largo y doloroso que el de él. Esclerosis lateral amiotrófica es la enfermedad más cruel y despiadada que he conocido y ella tuvo que padecerla. Le fue diagnosticada a los dos meses de la muerte de mi padre.

Después de ver el proceso de mi papá, mi madre enfrentó la suya con una entereza admirable. Lo primero que hizo fue firmar los papeles de Morir Dignamente. Con total consciencia de la decisión que estaba tomando, no dudó en pedir que la dejaran morir en paz. La parálisis total a la que lleva esa enfermedad me partió el alma. Estoy segura de que hay enfermedades crónicas igual de complicadas, pero ahora no me interesa conocerlas. Sólo sé que tuve la fortaleza necesaria para cuidar a mi mamá con la sabiduría y el amor que un estado de esos exige. Tuve varios momentos de desfallecimiento, de tristeza, de desesperación; pero pude hacerlo a pesar de todo. Una vez más recibí ayuda de la fundación. Enfrentar una enfermedad crónica es diferente a enfrentar una enfermedad terminal y es necesario comprender la diferencia. Ella también falleció y su despedida fue hermosa. Me enseñó algo que nunca olvidaré y que marcó para siempre mi forma de ver la vida. Ahora la siento más cercana a mí que cuando estaba viva. Siempre la llevaré en mi corazón sabiendo que no debemos esperar que la enfermedad o la muerte nos recuerden que hay que vivir con intensidad para partir o dejar partir sin el sufrimiento de no haber hecho o expresado lo que se debía. Pero si esto se nos olvida y tenemos que enfrentar un proceso de esos, entonces el camino es saberlo hacer con fortaleza, con conocimiento profundo de todo lo que implica y con serenidad para aceptarlo y sobrellevarlo hasta el final.

Marlene Renée Saab Monroy 

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