Pienso que la sociedad mexicana debe comenzar a pensar si es adecuado prolongar de manera innecesaria el sufrimiento físico y mental de las personas de la tercera edad o con enfermedades terminales dolorosas. Por cuestiones culturales la medicina ha enfocado sus esfuerzos en prolongar la vida humana a toda costa, a diferencia de lo que se hace con la de los animales, ya que los servicios de salud parecerían ser “superiores” a los de los humanos al tener la opción de poder dormir a un perro que está sufriendo y que bien podrían prolongar la vida de éste durante meses, si no fuera por el cariño de sus dueños que prefieren privarse de su compañía con tal de evitarle todo padecimiento que lo prive del gozo de vivir.

La postura de prolongar la vida a toda costa está enraizada en el culto al sufrimiento en honor a una deidad como una manera de rendirle tributo. Sin embargo, no todos los mexicanos estamos de acuerdo con esa ideología. Prolongar la vida también se debe al progreso de la medicina; ahora podemos vivir más en buenas condiciones. Pero, lo que no contemplan los médicos que emplean las nuevas tecnologías son los casos en que los pacientes y sus familiares no desean prolongar el dolor, e impera la postura de prolongar la vida, con un desgaste brutal para el paciente, sus familiares y, por qué no decirlo abiertamente, para los sistemas de salud. Estoy segura que muchas personas de edad avanzada a las que se no se les permite la eutanasia asistida preferirían que los recursos médicos que se destinan a ellos se invirtieran en sus descendientes y otros jóvenes mexicanos.

Además, me queda claro que cada caso de personas o sus familiares que solicitan la eutanasia asistida son distintos y que los médicos generales no están preparados ni autorizados para ofrecer esa alternativa a las personas que desean morir, ni a sus seres queridos que ya no quieren prolongar su existencia de dolor. Son tales las condiciones que ha llegado el momento de preparar a todos los médicos en materia de muerte asistida ‒y aunque vaya en contra de sus creencias‒.

Ahora que soy de la tercera edad y converso con otras personas mayores, me sorprende la cantidad de personas que quisieran terminar sus vidas de manera digna, que han hablado con sus hijos y ellos están de acuerdo en no prolongar su existencia si padecen enfermedades mentales o físicas que les producen sufrimiento a todos. Creo que México requiere de más geriatras ahora que la cantidad de adultos mayores va en aumento y que no tiene caso desgastar al sistema de salud con la prolongación de la vida de personas que ya no la desean y se encuentran desahuciadas, cuando esos recursos podrían emplearse en investigación para garantizar la salud de los jóvenes a largo plazo.

Por otra parte, me parece importante fortalecer la cultura de tener un testamento, con visitadores en casa, que estén entrenados en ofrecer la muerte anticipada para quienes lo deseen. Es decir, mencionar que existe esa opción y que es absolutamente voluntaria.

En fin, en mi caso particular no me gustaría dar molestias a mis familiares y amigos si tengo una enfermedad incurable; estoy totalmente a favor de la eutanasia asistida e invito a los tomadores de decisiones a discutir el asunto. Comprendo que es un tema delicado, pero en algún momento es necesario iniciar su discusión. Avanzar sobre el tema del aborto fue difícil, pero ya se legalizó en la CDMX; ahora toca la eutanasia.

¡Todos tenemos derecho a una muerte digna, en paz, sin dar molestias, con nuestros documentos en orden!

https://dmd.org.mx/

https://derechoamorir.org/