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Sedación terminal

Es la disminución deliberada de la consciencia del enfermo terminal, una vez obtenido el oportuno consentimiento del paciente y la explicación a su familia, con el objetivo de evitar el sufrimiento causado por uno o más síntomas que no se pueden controlar médicamente. Descargue el documento “Esta es mi voluntad 1

 

Normatividad

Ley 1733 de 2014

“Ley Consuelo Devis Saavedra, mediante la cual se regulan los servicios de cuidados paliativos para el manejo integral de pacientes con enfermedades terminales, crónicas, degenerativas e irreversibles en cualquier fase de la enfermedad de alto impacto en la calidad de vida” leycuidados-paliativos (1)

Sentencia C-233 de 2014

Ley 23 de 1981

Normas sobre ética médica Ley 23 del 81 (1)

Resolución Nº. 13437 de noviembre de 1991

Derechos del paciente RESOLUCION 13437 DE 1991

Artículos

Encíclica Evangelium Vitae - Juan Pablo II

Alocución del Papa Pío XII La prolongación de la vida

Testimonios

María Victoria

María Victoria era una médica de 49 años de edad a quien, a raíz de dolores abdominales, le descubrieron un tumor mileriano de ovario con metástasis. La operan a la semana de recibir el diagnóstico y sus co­legas, apesadumbrados, le informan que la quimioterapia en su caso presenta solo un 5 o 10% de posibilidades de éxito. María Victoria no tiene que pensarlo mucho, les manifestó su determinación de no hacer absolutamente nada pues, analizando las opciones a la luz de un sano balance, el costo emocional y económico excede en mucho los posibles beneficios de recuperación que parecen ser mínimos. Considera fútiles la radioterapia, la tumorectomía, el empleo de protocolos de última generación de quimioterapia y la posibilidad de ingresar a la Unidad de Cuidados Intensivos. Inicia un recorrido apoyada en un médico paliati­vista quien establece con ella una relación entrañable, comprome­tida hasta su final, respetando siempre su voluntad y sus decisiones. Su dolor y los otros síntomas como la ascitis y la dificultad para respirar se controlan eficientemente. María Victoria continúa haciendo consultas y asesorándose. Su parte espiritual se enriquece, se refuerza y Dios es para ella una compañía que la habita y la guía permanentemente. Acude semanalmente a donde una psicóloga con quien comparte su tristeza y todas las preocupaciones y dilemas que a diario debe sortear para irse preparando para su muerte tan­to ella como quienes la rodean. Participa con éstos sus determinaciones en cuanto a su final y en una emotiva reunión con el personal de su consultorio, su familia, colegas y amigos, se despide con una frase cariñosa de gratitud para cada uno y con serenidad y dominio de la situación que asombra a los asistentes. La escalera analgésica es recetada por su médico para controlar un dolor difícil hasta que después del Acetaminofén y pasando por otros medicamentos, incluye la Buscapina y acepta la morfina. Conversa largamente con sus seres queridos. Organiza sus cosas y cuatro meses después de su cirugía inicial, preside con enorme esfuerzo la ceremonia de inauguración del Congreso de su especialidad, llega a su casa agobiada por el dolor, agotada por el evento y por la fuerza interna que exigió su presencia en él. Llama a su médico: “No quiero levantarme más. No puedo ya seguir adelante, me estoy muriendo. Quiero que me sedes”. Así lo hace el médico, María Victoria muere al día siguiente después de haber vivido con su dignidad preservada hasta el último instante de su existencia y de haberse beneficiado de los cuidados paliativos procurados por un médico humano y respetuoso. Tomado de: (2006). Morir bien. Isa Fonnegra de Jaramillo (editora). Editorial Planeta.