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Papa Juan Pablo
II
"Cuando, a pesar de los medios utilizados se hace inminente
una muerte inevitable, se permite en conciencia tomar la decisión
de rehusar tratamientos que únicamente producirán
una penosa y precaria prolongación de la vida".
Papa Pío
XII
"La supresión del dolor, y, aún la inconsciencia
por medio de drogas cuando hay razones médicas que lo indique,
son permitidos por la religión y la moral tanto al médico
como al paciente, aunque en algunos casos dichas drogas pudieran
acortar un poco la vida".
Iglesia Metodista
Unida
"Defendemos el derecho de las personas para morir dignamente
sin inútiles esfuerzos para prolongar enfermedades terminales
sólo porque se dispone de una tecnología para ello".
Iglesia Unida
de Cristo
"Cuando la enfermedad aniquila todas las facultades que constituyen
una completa personalidad humana... pensamos que el solo hecho de
que el cuerpo continúe funcionando por medio de máquinas
o drogas es una violación de la persona... y no es ni moralmente
defendible, ni socialmente deseable, ni es la voluntad de Dios".
Conferencia
Central de Rabinos Americanos
"Del espíritu de la Ley Judaica se concluye que aunque
nada es permitido para apresurar la muerte, es lícito dejarla
llegar en circunstancias especiales de sufrimiento e inexistencia
de una esperanza razonable de recuperación hacia una vida
útil".
Comité
de Servicio de los Amigos
"Creemos que la vida humana es un don que sólo tiene
significado cuando el receptor puede funcionar como persona humana".
El derecho a morir
Peter Singer *
La eutanasia
legal mejoró la atención médica
en los países donde se practica.
El 21 de diciembre,
un médico italiano, Mario Riccio, desconectó el
respirador que mantenía con vida a Piergiorgio Welby, quien
sufría de distrofia muscular y estaba paralizado. Había
batallado sin éxito ante la justicia italiana para que se
aceptara su derecho a morir. Después de que Riccio le administrara
un sedante y apagara el respirador, Welby dijo "gracias" tres
veces: a su esposa, sus amigos y su doctor. Cuarenta y cinco minutos
más tarde dejaba de existir.
La petición de Welby tuvo mucha publicidad en Italia, donde
generó un acalorado debate. En el momento en que escribo
estas líneas, no está claro si se va a acusar a Riccio
por algún delito. Por lo menos un político italiano
ha pedido que se lo arreste por homicidio.
La muerte de
Welby plantea dos preguntas que es necesario distinguir. Una
de ellas es si
una persona tiene derecho a rechazar un tratamiento
médico de soporte vital. La otra es si éticamente
es posible defender la eutanasia voluntaria.
Para todo tratamiento
médico debería ser requisito
un consentimiento informado del paciente, siempre que este sea
un adulto competente en condiciones de tomar una decisión.
Obligar a un adulto competente a recibir un tratamiento médico
equivale a una agresión. Podemos pensar que el paciente
está tomando una decisión equivocada, pero debemos
respetar su derecho a tomarla. Este derecho se reconoce en la mayoría
de los países, pero aparentemente no en Italia.
Hasta la Iglesia
Católica Romana ha sostenido desde hace
largo tiempo que no existe la obligación de utilizar medios "extraordinarios" o "desproporcionados" para
prolongar la vida, punto de vista reiterado en la 'Declaración
sobre la eutanasia', hecha pública por la Sagrada Congregación
para la Doctrina de la Fe y aprobada por el papa Juan Pablo II
en 1980. Este documento declara que rehusar un tratamiento médico
gravoso "no es equivalente a un suicidio". Por el contrario,
este rechazo "se debe considerar como una aceptación
de la condición humana, o un deseo de evitar la aplicación
de un procedimiento médico desproporcionado en relación
con los resultados que es dable esperar, o un deseo de no imponer
gastos excesivos a la familia o a la comunidad".
Tal descripción se aplica bien al caso de Welby. Desde
su punto de vista, Riccio estaba haciendo lo que cualquiera debería
haber estado preparado a hacer por Welby, que sufría de
parálisis y no era capaz de poner en la práctica
su rechazo a un tratamiento médico gravoso.
Si el caso
de Welby cae en el lado correcto de la línea
trazada por la doctrina de la Iglesia Católica, la pregunta
más de fondo es si esta la ha trazado por un lugar que tenga
sentido. Si un paciente con una enfermedad incurable puede rechazar
un tratamiento gravoso a sabiendas que ello implicará su
muerte, ¿por qué uno con una enfermedad incurable
cuya vida no está siendo mantenida por tratamiento médico
alguno, pero que encuentra que la enfermedad misma hace que vivir
sea una carga, tendría que ser incapaz de buscar ayuda para
deshacerse de esa carga?
Los defensores
de la doctrina católica responderían
que en el último caso el paciente quiere poner término
a su vida, y que eso está mal, mientras que en el primer
caso el paciente meramente desea evitar la carga adicional que
el tratamiento le significaría. Por supuesto, la muerte
es una consecuencia previsible de evitar esa carga, pero es una
consecuencia que no se busca directamente. Si el paciente pudiera
evitar esa carga y aun así seguir viviendo, eso sería
lo que elegiría. Argumentarían que no se debería
haber ayudado a Welby, ya que dijo expresamente que deseaba morir,
no que quería evitar un tratamiento gravoso.
Esta distinción es cuestionable. En ambos casos, el paciente
elige conscientemente un curso de acción que lo llevará a
la muerte, en lugar de uno alternativo que lo llevaría a
una vida más larga, pero difícil de vivir. Al poner
el énfasis en la intención más limitada de
rechazar un tratamiento gravoso, en lugar de las implicancias más
generales de esa elección, la Iglesia Católica Romana
puede evitar la implicancia inhumana de que los pacientes siempre
deben aceptar un tratamiento que prolongue sus vidas, sin importar
lo costoso o doloroso que pueda llegar a ser. Pero lo hace al costo
de hacer incoherente su propia y vigorosa oposición al suicidio
asistido y a la eutanasia voluntaria.
Muchos países reconocen el derecho legal a rehusarse a
recibir tratamiento médico. Sin embargo, solamente en Holanda,
Bélgica, Suiza y el estado estadounidense de Oregon se permite
a los médicos ayudar a los pacientes a poner fin a sus vidas
por medios distintos que retirar un tratamiento de soporte vital.
Holanda, en
particular, ha sido objeto de una implacable campaña
de desprestigio. Los críticos plantean que la legalización
de la eutanasia voluntaria ha producido una degradación
de la profesión médica y todo tipo de otras graves
consecuencias. Sin embargo, si estas acusaciones son ciertas, los
holandeses no se han dado por enterados. A pesar de que ya ha habido
un cambio de gobierno en Holanda desde que se legalizara la eutanasia
voluntaria, no ha habido ninguna iniciativa para revertir esta
medida. Simplemente, no hay apoyo público para algo así.
Los holandeses
saben cómo se practica en su país
la eutanasia voluntaria, y cómo la eutanasia legal he mejorado
la atención médica en lugar de dañarla, y
desean la posibilidad de recibir ayuda para morir, en caso de que
lo deseen y necesiten. ¿No se trata de una opción
que todos deberíamos tener?
Peter Singer
es profesor de bioética de la Universidad
de Princeton. Algunos de sus libros publicados son Practical Ethics
y Rethinking Life and Death.
© Project
Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
Peter Singer *
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