BUSCAR:



   
   
   
   
   
   
   
   
   
   


CASOS MUNDIALMENTE FAMOSOS EN LA LUCHA POR EL DERECHO A MORIR DIGNAMENTE


 

Eluana Englaro (2009)

Eluana Englaro
(Lecco 25 de noviembre 1970, - Udine 9 de febrero 2009) fue una mujer italiana que estuvo en estado vegetativo debido a un accidente de tráfico desde el 18 de enero de 1992 hasta la fecha de su muerte. Ante la situación irreversible de la hija, su padre apoyó la posibilidad de suspender el suministro de alimentos, dejándola morir, ya que, "habría expresado claramente el deseo de morir en caso de sufrir un accidente que la dejara en coma o en estado vegetativo". Sin embargo, el caso generó gran controversia en el marco del habitual debate en torno a la eutanasia hasta llegar al ámbito político y judicial.
El caso fue llevado a la corte y la petición del padre fue rechazada en diciembre de 1999 por la Corte de Apelaciones de Milán, y en abril de 2005 por la Corte de Casación (en Italia, Tribunal Supremo). La petición de un nuevo juicio fue concedida por la misma Corte de Casación el 16 de octubre de 2007, lo que generó una dura crítica por parte del Vaticano. La Corte de apelaciones de Milán sentenció, en julio de 2008, que el padre y tutor de Eluana, Beppino Englaro, tiene permitido interrumpirle el suminstro de alimentación e hidratación.
En una de sus escasas apariciones públicas antes de la muerte de Eluana, Beppino Englaro llegó a señalar que, pese a encontrarse legalmente facultado para suspender el tratamiento de su hija, no estaba dispuesto a proceder hasta que todo el proceso de apelación hubiera concluído.
El 13 de noviembre de 2008, la Corte Suprema de Italia concedió al padre de Eluana el derecho a desconecatarla de las máquinas que le permiten seguir con vida; decisión que se encontró con la inmediata oposición por parte del gobierno italiano y de la Iglesia Católica Romana.
En febrero de 2009 fue llevada a un hospital privado de Udine, donde un equipo médico (constituído sólo por voluntarios) la asistiría mientras permaneciese en él. El 6 de febrero de 2009, Silvio Berlusconi redactó un decreto que pretendía obligar a continuar con el tratamiento de Eluana, pero el presidente de la república, Giorgio Napolitano, rehusó firmarlo, impidiendo que entrase en vigor. Finalmente murió el 9 de febrero.




Hannah Jones
(Noviembre 2008)

Hannah Jones
Niña Británica de 13 años de edad, quien sabe perfectamente que si no se somete a un transplante de corazón, que busca resolver una cardiomiopatía, una grave enfermedad en la que el músculo cardíaco se inflama y puede fallar, podría perder su vida en cualquier momento. Cansada de años de quimioterapia, operaciones y largas hospitalizaciones para combatir una leucemia que se le presento cuando tenía 5 años, logró convencer a las autoridades de salud para que respeten su decisión de no operarse más y la dejen pasar lo que le queda de vida en su casa, en compañía de su familia y amigos.
“Ya he estado demasiado tiempo en el hospital, no quiero la operación y es mi derecho no aceptarla”.
La batalla de esta niña no ha sido fácil, el hospital donde se la ha venido tratando, llego a estudiar la posibilidad de quitarle la custodia a sus padres para dar luz verde al transplante, pero la niña recibió la visita de un trabajador de la oficina de protección al menor a quien convenció de que no quería ser operada a pesar de que podría morir por esta decisión.
“No se que le dijo Ana, pero debió ser algo muy poderoso. Es increíble que una persona tan joven, y que ha atravesado por tantas cosas tan duras, tenga el coraje para exigir sus derechos. Estamos muy orgullosos de nuestra pequeña” dijeron sus padres.


Johanna Gutierrez Galeano

Paciente de 34 años que acude  a DMD Colombia, con su hija de 16 años, sufre Esclerosis Lateral Amiotrófica desde hace 6 años, ya tiene comprometidos todos los músculos voluntarios y esta comenzando a tener problemas respiratorios, siente que la vida en esta situación no tiene sentido, que no es vida para ella y tampoco es justo para su hija quien la cuida y por ello no puede estudiar como una persona de su edad debe hacerlo.   Por eso pide la eutanasia, como la única opción para liberarse, de esta que para ella ya no es vida digna.
Con su esposo y su hija son remitidos a valoración psicológica, donde se hace evidente la falta de información que ha recibido su esposo sobre la enfermedad, nunca nadie le explico detalladamente los efectos de la enfermedad, y este desconocimiento junto con su frustrado proyecto de vida, hicieron que él tuviera una respuesta agresiva para con ella y con su hija, a quien veía como una cómplice de la pereza de su madre. Luego de una psicoterapia y de una ultima valoración por parte de la neuróloga, donde se reafirma el diagnostico y se evidencia  el deterioro físico y la posibilidad de muerte por asfixia o ser mantenida con vida mediante un respirador mecánico, ella reafirma su decisión de pedir la eutanasia y su esposo e hija, ante la imposibilidad de ofrecerle una mejor alternativa, la apoyan en su decisión.


Carlos Framb (2008)

Carlos Framb
La historia comenzó en 2007, cuando Luzmila le manifestó a su hijo Carlos su deseo de dejar de vivir, y de sufrir. El dolor creciente de su madre animó a Framb para profundizar en el tema. Buscó un conocido libro, escrito por un médico, sobre métodos tranquilos para el suicidio, y empezó a comprar medicamentos que permitieran terminar con la vida a través de un sueño profundo.

"¡Llegó el momento!, me dijo ella un día, a principios del año pasado, para expresar que estaba lista". A partir de entonces, Framb comenzó a prepararlo todo, pero también a tratar de aceptar la ausencia, el dolor y el vacío que deja en un hombre la muerte de su madre. En el transcurso de los meses decidieron que sería por medio de un coctel de somníferos y morfina que causara una muerte sin más sufrimientos, sin asfixias ni conciencia de lo que es morir. "Fue algo que manejamos los dos con gran confidencialidad, sin conversarlo con nadie, para que el plan no fuera frustrado", recuerda Framb.

Aunque su madre no lo sabía, Framb había decidido que ese mismo día también se suicidaría, pues no soportaba la idea de seguir viviendo sin ella, que se había convertido en su vida misma. Ese 20 de octubre, su hermano Iván los visitó. Cuando se fue, Carlos le dijo a su mamá que ya tenía "aquello", refiriéndose a los medicamentos para el buen morir.

"Puse el frasco de morfina y la caja de somníferos sobre el escritorio y le dije que todo estaba listo para cuando estuviera preparada. - 'Qué más puedo esperar', me respondió, y comenzó a hablar sobre la tristeza que le daba dejarnos, que sabía que saldríamos adelante y que la familia nos ayudaría. Fue un momento muy conmovedor, lloramos. Nos tomamos un trago de vodka juntos. Se quedó de rodillas, al lado de la cama, orando. Un rato después, cogí las drogas y preparé un batido con yogurt en la licuadora y se lo llevé en un pocillo", recordó Framb, en diálogo con SEMANA.

"La consolé, le dije que se quedaría dormida y que la muerte sobrevendría durante el sueño", recuerda. Después le dijo que para él sería muy bello acompañarla, pero ella no estuvo de acuerdo.

Luzmila se tomó el batido antes de la medianoche y se acostó a conversar sobre cosas intrascendentes. Se quedó dormida. Empezó a perder temperatura, su respiración se hizo lenta hasta que la vida terminó. Mientras moría, su hijo le cogía la mano, la consentía. No era un amor de Edipo. Era una relación muy cariñosa, cercana, que comenzó cuando Carlos nació en Sonsón en 1965. De niño tuvo una relación distante con su padre. Y Carlos encontró en los libros, en su timidez, en su madre, un refugio. De joven empezó a escribir poemas bajo el seudónimo de Carlos Framb, que después asumiría como su nombre real.

Tras la muerte del papá, en 2001, el poeta se quedó viviendo con su madre, cuidándola. Durante ese tiempo se hicieron cómplices, compañeros, confidentes. Y así, en medio del deterioro de la salud de Luzmila, de la osteartrosis, del insomnio, del trastorno del sueño; de la ceguera producida por las cataratas y un glaucoma, y de la cada día más abrumadora dificultad para caminar, a Luzmila se le fue apagando la vida de la mano de los dolores. Su situación de salud y soledad, pues muchas veces debía quedarse en la casa mientras Carlos trabajaba como profesor en un colegio en Medellín, hizo que desarrollara trastornos de ansiedad y depresión.

A pesar de su religiosidad, Luzmila era una mujer liberal, lo que le permitió hablar con su hijo sobre el derecho que tenía para dejar de sufrir. Tenía una noción de un Dios bueno, que sabría comprender su decisión.

Al constatar su muerte, Carlos salió a caminar en la madrugada del domingo 21 de octubre. Se fumó un cigarrillo y regresó. Escribió una carta para su hermano, para explicarle lo que había pasado y dejar las instrucciones para su entierro y el de su mamá. Organizó varios papeles, oyó música, algo de la banda The Verve y de Bach. Se preparó su coctel y se acostó al lado del cuerpo de su madre, que yacía en la cama en posición fetal. La abrazó, pero colapsó más rápido de lo que pensaba y no alcanzó a taparse la cara con una bolsa plástica que había preparado para asegurar su muerte.

"Prefería no seguir vivo sin ella. Y por razones personales, por mi filosofía de vida y por ausencia de ilusiones metafísicas, no me importaba morir". Pero dos días después, descubrió que aún vivía. Su hermano, al llegar a la casa el domingo, leyó en la pared una frase que decía: "Sin odio, sin armas, sin violencia", que había escrito su hermano antes de tomarse el veneno. Entró corriendo y los encontró en la cama. Su madre estaba fría, no respondió a los gritos y sollozos de Iván. Su hermano agonizante balbuceó algunas palabras. En menos de media hora, los paramédicos se llevaron a Carlos al hospital San Vicente, donde lo rescataron de la muerte que se negó a abrazarlo. El cuerpo de Luzmila fue levantado por el CTI y sepultado.

Al despertar, Framb descubrió que la toxicología no es una ciencia exacta y tomó con serenidad el hecho de seguir viviendo. De inmediato, fue acusado de homicidio agravado, algo que sin duda habría sido titulado por un diario sensacionalista como matricidio, lo que le daría entre 25 y 30 años de prisión. El poeta rechazó los cargos. Al día siguiente fue sometido a un examen siquiátrico que descartó su permanencia en una institución mental, pero le dio un tiquete a la cárcel Yarumito, de Itagüí.

Los hechos se convirtieron en un caso especial para el derecho, pues no es común que en un suicidio colectivo uno sobreviva y que se rompa el silencio de lo ocurrido. Y los más importante: ¿cuál es el delito por el que se le debe condenar? El suicidio no es penalizado, pero sí la inducción y asistencia al mismo, que da una pena de uno a dos años. "La Fiscalía, sin que hubiera suficientes pruebas e indicios, pidió la máxima pena: la del homicidio doloso, en vez de haber establecido la imputación más favorable, siguiendo el principio que ordena que toda duda se debe resolver en favor del reo", dice Santiago Sierra , quien fue el abogado defensor del poeta junto con Carlos Jaramillo, .

Ni su hermano ni otro familiar lo denunciaron. Durante cinco meses Framb estuvo en prisión. Si quería morir, ¿por qué no lo hizo en la cárcel? El poeta responde que de alguna manera la voluntad de su mamá era que él siguiera vivo. Además, encontró una motivación para seguir, al defender el acto de libertad de su madre de morirse cuando quiso y demostrar que no había habido un homicidio. No se trató de un acto vil, salvaje, sino, según Framb, de una ratificación de la frase de Cioran, cuando dice que el suicidio es el honor del hombre.

El 26 de marzo, al ir a los estrados, el juez dictó una pena de 16 meses de prisión por ayudar al suicidio de su madre, pero le fue concedida la excarcelación. La Fiscalía impugnó el fallo, con el argumento que la defensa no demostró que se había tratado de un suicidio asistido. Tras muchos meses de espera, finalmente, el martes de la semana pasada, el Tribunal Superior de Medellín precluyó el caso, al considerar que no había pruebas para condenar a Framb por homicidio.

Hoy el poeta sigue en Medellín, ciudad que fue testigo del martirio de su madre, pero también del amor a sus dos hijos. Mientras Luzmila le dio dos veces la vida, él la asistió para morir dignamente. Ahora escribe sus reflexiones sobre esta experiencia, que espera publicar. Quiere recuperar la memoria de su madre y dedicarse a la literatura.

"¿Que qué pienso de la vida? Disfrutar de esta nueva oportunidad. He sido un gran hedonista y defensor de la vida, pero de la vida digna. Yo no soy el apóstol de ninguna causa, sólo espero que mi caso sirva para que la sociedad entienda este tema".

Sobre el gran vacío que dejó la muerte de su madre, lo llena un poco la alegría saber que dejó de sufrir. Y para terminar, Framb, autor de los libros de poesía Antínoo y Un día en el paraíso, dice: "Fue un acto de amor que seguramente no haría con ninguna otra persona que me lo pidiera. ¿O usted no le ayudaría a morir a su madre o al ser que más ama, si se lo pidiera?".


Chantal Sébire  (2008)

Chantal Sébire
(28 de enero de 1955 - 19 de marzo de 2008) fue una profesora francesa, que sufría estesioneuroblastoma, una rara forma de cáncerincurable. Es tan rara esta enfermedad que en los últimos 20 años sólo se han registrado 200 casos notificados.
En el caso de Sébire, la enfermedad la dejó con graves desfiguraciones faciales, no podía ver, oler o sentir sabores, tenía fuertes dolores que no lograba calmar de ningún modo.
Se hizo célebre por primera vez en febrero de 2008, cuando hizo un llamamiento público al presidente francés, Nicolas Sarkozy, para que le permitiese morir a través de la eutanasia para así detener su sufrimiento físico.
El 17 de marzo de 2008, un tribunal francés le prohibió esa posibilidad. Dos días después fue encontrada muerta en su casa. Una autopsia realizada el 21 de marzo de 2008 no concluyó si ella murió de causas naturales. El 27 de marzo se publicó que se suicidó usando barbitúricos.[1]
Repercusiones de su caso
Con su apelación a la justicia para que se le permitiera morir dignamente, Sébire reavivó en Francia el debate sobre la eutanasia activa y ha obligado a la clase política a revisar el actual texto legal sobre cuidados paliativos y derecho del paciente, que data de 2005 y sólo contempla el coma inducido. El Partido Socialista pidió la creación de un grupo de trabajo sobre el tema y el diputado Laurent Fabiuspresentó una propuesta de ley para que los pacientes que lo deseen, en casos muy concretos, puedan beneficiarse de una "ayuda activa a morir".

 

Inmaculada Echevarría (2007)inmaculada_echeverria.jpg

Inmaculada Echevarría fue diagnosticada a los 11 años de una distrofia muscular progresiva, enfermedad que puede llevar al paciente a una dificultad respiratoria extrema, por fallo de los músculos costales y del diafragma, dificultad que al final puede causar la muerte del paciente por asfixia. En el caso concreto de Inmaculada, a partir de los 30 años quedó sumida en un estado de inmovilidad casi completa, pues únicamente podía mover los dedos de las manos y de los pies, permaneció  casi 10 años en el Hospital San Rafael de Granada. Su nivel de consciencia se mantuvo en niveles aceptables durante todo el proceso de su enfermedad, siendo muestra de ello que al final de su vida podía comunicarse con las personas que la rodeaban, a pesar de que se le había practicado una traqueotomía y de haber sufrido una importante perdida de musculatura de lengua, cara y cuello.
Durante toda su vida pidió un poco de piedad a su condición, no sólo ayuda; sino que hoy por hoy se piense en su persona y en lo que ella quiere… para dejarla morir
Adicionalmente a su posibilidad de hablar, su capacidad intelectual se mantuvo intacta hasta el final, como lo demuestra la intensa actividad desarrollada por la paciente en los últimos días de su vida, especialmente en lo que se refiere a comunicarse con médicos, enfermeros y amigos, e incluso a tomar decisiones tan personales como solicitar los últimos sacramentos antes de morir.
En un momento determinado, la paciente, cansada de soportar una situación que consideraba inaguantable, pidió que le retiraran el respirador, es decir, solicitó a los médicos que la ayudaran a morir.
La respiración asistida era para ella una medida terapéutica que no le proporcionaba ningún bien, y si le  alargaba el sufrimiento, sin expectativa vital alguna y con una insoportable calidad de vida. En este caso la supresión del respirador es la limitación de un medio terapéutico, para evitarle al paciente un sufrimiento innecesario por una medida terapéutica desproporcionada,  es una acción éticamente correcta; mantenerle el respirador llega  incluso a ser inmoral, hacer permanecer a la paciente en esa situación es:  "ensañamiento terapéutico”.
Para el acto concreto de la desconexión del respirador se la sedó previamente para evitarle cualquier sufrimiento adicional y después se le retiró el mismo, falleciendo aproximadamente a los tres minutos. Esto ocurría a las 21 horas del miércoles 14 de marzo del 2007.

 



  Art Buchwald (2007)

Art Buchwald

Tras un año viviendo “de prestado”, la muerte alcanzó el 18 de enero, a los 81 años, al genial columnista Art Buchwald, uno de los grandes maestros del periodismo estadunidense.
En febrero de 2006, Buchwald decidió dejarse morir en un hospital de enfermos terminales cuando renunció a someterse a la diálisis que debía mantenerlo vivo y a salvo de un fallo renal irreversible.
Los médicos le dieron no más de tres o cuatro semanas de vida.
A lo largo de esos días de febrero, amigos y autoridades desfilaron por su residencia para despedirse de él y otorgarle todo tipo de condecoraciones y agradecimientos, “como si estuviesen visitando Lourdes”, recordó Buchwald en una columna en el diario The Washington Post.
Sin embargo, tal vez arrastrado por el mismo espíritu de contradicción que lo ha convertido en una de las plumas más respetadas de EU, Buchwald no murió tan rápidamente..Esta inesperada prórroga fue bien aprovechada por el periodista, que llegó a escribir un libro, Too Soon to Say Goodbye (Demasiado pronto para decir adiós) sobre su experiencia.
Sin embargo, en las últimas semanas, su salud se había deteriorado mucho y el columnista aprovechó para despedirse, esta vez definitivamente, de sus seres queridos.
El hijo de Buchwald, Joel, dijo que su padre murió tranquilamente en su cama, tal y como quería hacerlo.
“El año pasado tuvo la oportunidad de dar su última vuelta triunfal, y creo que estaba realmente agradecido por ello”, relató Joel a medios locales.
En su carrera, Buchwald, que ganó el premio Pulitzer en 1982, escribió más de 8 000 columnas y más de 30 libros.




Terri Schiavo (2005)

Terri SchiavoTerri Schiavo 
Theresa Marie Schiavo (3 de diciembre 1963 – † 31 de marzo 2005), más conocida como Terri Schiavo era una mujer estadounidense en estado vegetativo irreversible que abrió un acalorado debate sobre temas como la eutanasia, la bioética, tutela legal, federalismo, y los derechos civiles en su país.
Marie Schindler ,hija de Robert y Mary Schindler, pasó su juventud en Pensilvania. Al ingresar a la escuela secundaria, sufrió un excesivo aumento de peso, llegando a los 114 kilos. Sin embargo, logró rebajarlos ingresando a un programa para combatir la obesidad, el cual le provocó un grave desorden alimenticio.
Un año después, en 1982, conocio al que sería su marido, Michael Schiavo, y se casarón el 10 de noviembre de 1984. Dos años después  se transladarón a St. Petersburg, Florida, a donde se trasladaron también sus padres tres meses más tarde.
Terri comenzó a trabajar como agente de seguros, y su marido como administrador de un restaurante. Tanto los amigos y compañeros de trabajo de Terri comenzaron a extrañarse de algunos de sus comportamientos, como el hecho que siempre después de cada comida ella se excusara para ir al baño. A pesar que su marido estaba consciente de esta situación, nunca sopesó el real peligro para la salud de su cónyuge.
En 1989, los Schiavo comenzaron a visitar a un ginecólogo para solicitarle que iniciara un tratamiento para concebir hijos. Sin embargo, el peso de Terri había caído a sólo 49 kilos, y su ciclo menstrual se había detenido. Inexplicablemente, el doctor no solicitó la realización de exámenes ni la historia médica de la paciente, que habrían develado de inmediato los problemas de alimentación.
El 25 de febrero de 1990, a las 5:30 de la mañana, Terri se desmaya en un pasillo de su apartamento. Su marido se despierta alarmado, e inmediatamente llama a los servicios de urgencia y a la familia de su esposa. Terri había sufrido un infarto cardíaco, y mientras esperaba la llegada de atención médica, su cerebro sufrió una fuerte pérdida de oxígeno. A pesar de los esfuerzos realizados para reanimarla, ya  había entrado en un estado de coma.
Para mantenerla con vida, la mujer fue conectada a un ventilador mecánico, se le practicó una traqueostomía y una gastrostomía,  la que mediante una bomba la mantendría nutrida e hidratada, nunca recobró la conciencia, ni tampoco mostró signo alguno de funciones corticales mayores.
Hasta el presidente de EEUU, George W. Bush, participó en la disputa al ponerse del lado de los grupos conservadores y religiosos contrarios a la eutanasia, al declarar que "los que viven a merced de otros merecen nuestra especial preocupación".
Durante ocho años se la alimentó artificialmente hasta que en 1998 su esposo, que ejercía su tutela legal, se convenció de que no tenía esperanza de vivir con normalidad y pidió que le retiraran la sonda porque su mujer "nunca quiso vivir así", aunque ella no dejó ningún documento escrito que expresara ese deseo.
Ese año se inició la prolongada batalla judicial entre el esposo y los padres de Terri, durante la cual la mujer fue desconectada de la sonda que la alimentaba y vuelta a conectar en tres ocasiones.
Después de la segunda desconexión, realizada en octubre de 2003, los padres de Terri recurrieron al gobernador de Florida, Jeb Bush, quien presentó un proyecto de ley especial al Congreso del estado, que aprobó la llamada 'Ley de Terri', que permitió al gobernante ordenar 'ipso facto' que la mujer fuera intubada de nuevo.
Michael Schiavo demandó ante los tribunales la inconstitucionalidad de esa Ley y logró en septiembre de 2004 que el Tribunal Supremo de Florida le diera la razón y la mujer fue desconectada nuevamente.
Los padres de Terri suplicaron entonces la intervención de los legisladores federales y del presidente Bush, quien rápidamente promulgó la 'Ley para aliviar a los padres de Teresa Marie Schiavo', aprobada por el Congreso estadounidense, de mayoría republicana.
De esa manera, el matrimonio Schindler pudo llevar su caso al sistema judicial federal, llegando hasta el Tribunal Supremo de EEUU, que, como todas las instancias anteriores, negó sus demandas y falló en favor de la desconexión de la mujer, hace 14 días. 



Vincent Humbert (2002)

vincent humbert

Vincent Humbert 2002, Francés,  21 años, deportista, trabajaba como bombero cuando sufrió un accidente de transito, sobrevivió a un choque frontal con otro vehículo. Tras nueve meses en estado de coma, recuperó la conciencia pero quedó casi totalmente paralizado. Tetrapléjico, ciego y mudo, podía oír y mover el dedo pulgar. "Sólo el oído y la inteligencia me permiten sentirme vivo", escribía desde su cama del Hospital Helio-Marins, en Berck, una población vecina de Boulogne-sur-mer, en el norte de la costa atlántica francesa. Esto le bastaba para comunicarse con el mundo. Los médicos  afirmaban que la vida del muchacho, aunque vegetativa, no corría peligro inminente.
         Escribió al Presidente Jaques Chirac para pedir la muerte. "Señor presidente de la República, usted tiene el derecho de gracia, y yo le pido el derecho a morir. Quisiera hacerlo en beneficio de mí mismo, pero sobre todo en el de mi madre, que lo ha dejado todo para permanecer a mi lado,  no creo merecer un futuro tan atroz,  pero me preocupo sobre todo por mi madre, trabaja siete días a la semana para poder estar junto a mí un rato todos los días. Ha tenido que abandonar su domicilio y hoy todo se le va en pagar el alquiler de un miserable estudio. De momento es joven, pero luego no podrá mantener esa carga de trabajo y se verá obligada a regresar a su residencia en Normandía. No puedo ni imaginarme lo que sería tener que seguir viviendo sin tenerla al lado",  "Deseo una respuesta de su parte, aunque sea negativa". ... Así rezaba la carta laboriosamente dictada por Humbert al presidente francés. También escribió el libro: Os pido el derecho a morir.
         "Los médicos de Berck  tuvieron que negarse en repetidas ocasiones a suministrarle a Humbert la pastilla que le permitiría "no tener que despertar otra vez". Él, en su desesperación, llegó  a proponer contratar un asesino a sueldo. Su madre, Marie, decía: "Comprendo la voluntad de mi hijo aunque no puedo aceptarla. Pero sé que habla de la muerte como yo puedo hablar de la vida, con alegría" 

         La madre de Vincent Humbert intentó ayudar a morir a su hijo y la  primera reacción del equipo hospitalario fue reanimarle. Pero los médicos cambiaron  de criterio: "Colectivamente" y "con plena independencia", decidieron dejar de hacerlo.

         El doctor Frédéric Chaussoy, al frente del servicio de reanimación, anunció el fallecimiento del muchacho y lo explicó así: "Teniendo en cuenta el cuadro clínico, la evolución y los deseos que Vincent había expresado en varias ocasiones, el equipo médico ha decidido limitar las medidas terapéuticas activas. El equipo médico que le ha acompañado durante tres años ha tomado esta decisión, colectiva y difícil, con toda independencia". ¿Qué diferencia hay entre esa actitud y lo que ocurrió ayer? Que los médicos elevaron a público lo que se hacía en privado. Con el libro de Vincent Humbert en la calle pidiendo el derecho a morir, y los medios de comunicación pendientes del drama, el equipo del hospital de Berck-sur-Mer puso a la opinión pública frente al derecho a la muerte. "Me siento verdaderamente feliz, feliz de que mi hermano se haya liberado", afirmaba ayer Laurent Humbert, el hermano del fallecido, ante las cámaras de televisión, casi con una media sonrisa en el rostro. " Esto es una liberación para toda nuestra familia y para Vincent". El día anterior había acudido con su padre, Francis, al hospital de Berck-sur-Mer, donde los médicos intentaban reanimar a Vincent. Ninguno de los dos ocultaba su indignación por el "encarnizamiento terapéutico" del equipo médico hacia quien había dejado claro su deseo de terminar de sufrir
         Todo apunta a que Marie Humbert saldría  judicialmente indemne. No es poco para un caso que fue el catalizador de un debate sobre la despenalización de la eutanasia.
         No existían normas que encuadren un comportamiento como éste en Francia. Hay una ley reciente sobre los derechos de los enfermos, según la cual "ningún acto médico ni ningún tratamiento puede ser practicado sin el consentimiento libre y consciente de la persona, y ese consentimiento puede ser retirado en todo momento". El ex ministro socialista de Sanidad Bernard Kouchner lamenta no haber introducido específicamente la cuestión de la eutanasia aprovechando el debate de esa ley, como confiesa que le pidió el entonces primer ministro, Lionel Jospin.

        
Pero el drama de la familia Humbert hace que salten por los aires todas esas disquisiciones. Los médicos ya reconocen abiertamente la práctica de la eutanasia. En declaraciones a la emisora RTL, el propio doctor Chaussoy informó de que se ayuda discretamente a morir -"se deja que la enfermedad siga su curso"- cuando los pacientes lo desean, después de un debate con la familia y con el equipo que le atiende. Eso es lo que sucedía antes del caso de Humbert, por supuesto.
               

Ramón Sampedro (1998)

Ramón SampedroRamón Sampedro

Nació el 5 de enero en el ayuntamiento gallego de Porto do Son. Con 19 años se enroló en la marina mercante con el objetivo de conocer el mundo. A la edad de 25 años sufrió un accidente, al tirarse de cabeza al mar, que le dejó tetrapléjico y postrado en una cama para el resto de su vida. Fue el primer ciudadano en pedir en España la eutanasia activa. Argumentaba el derecho de cada persona a disponer de su propia vida, estando sin embargo incapacitado para cometer suicidio. Su petición le fue denegada y los jueces le advirtieron de que cualquiera que le ayudara incurriría en un delito.
Escribió dos libros: Cartas desde el Infierno (1996) donde agrupó sus escritos hasta ese momento y el poemario Cuando yo caiga, publicado póstumamente en 1998.
Ramón murió en Boiro el 12 de enero de 1998 por envenenamiento de cianuro potásico, ayudado por su amiga Ramona Maneiro. Ésta fue detenida días después pero no fue juzgada por falta de pruebas. Siete años después, una vez que el delito hubo prescrito, Ramona admitió en televisión haber facilitado a Ramón el acceso al veneno que le causó la muerte y haber grabado el vídeo donde éste pronunció sus últimas palabras.


 El primer derecho a morir: 
Karen Ann Quinlan (1985)


Karen Ann Quinlan
Se convirtió en el símbolo del abuso de la tecnología en esta era tecnológica. Dio a ambos campos, el derecho y la medicina, un caso que no podían evitar.  Ella mostró  al público una cuestión que es pertinente para sus vidas.
Por primera vez en la historia, las personas estaban informadas de las decisiones que debían tomar. Además, la situación de Karen nos mostró como todo lo que le pasó a ella podría ocurrirle a cualquier persona en cualquier momento.
Julia Duane Quinlan, la madre de Karen recuerda: Nacimiento y primeros años de vida: Karen Ann Quinlan nació 29 de marzo de 1954 en Scranton, Pennsylvania, y fue adoptada por Joseph y Julia Quinlan y criado en Roxbury Township, NJ
En todos los informes Karen vivió una vida bastante normal. Ella fue una estudiante promedio, buena en  natación y  esquí y  popular entre sus compañeros de clase.
En el momento de su colapso en 1975, Karen se había trasladado de la casa de sus padres y vivía con dos compañeras de cuarto.  Tenía veintiún años de edad.
Historia
Nadie sabe exactamente lo que sucedió el 14 de abril de 1975. Karen asistió a la fiesta de un amigo en un bar. local, donde al parecer bebía ginebra con tónica y, posiblemente varios tranquilizantes.
Cuando ella quedó inconsciente y dejó de respirar, llamaron a una ambulancia fue reanimada, recibió  oxígeno y fue conectada a un respirador.
En la sala de emergencia no reacciono, no respondió a los estímulos dolorosos de profundidad y fue incapaz de respirar por su cuenta, todos indicadores de extrema lesión cerebral.  Ella fue admitida en  estado inconsciente a la unidad de cuidados intensivos.
Nueve días más tarde, Karen fue trasladada a St. Clare's Hospital. En este momento su condición era de coma irreversible o un estado vegetativo persistente (PVS), una condición de la que no se recuperaría. A persistent, irreversible coma is also referred to as a vegetative state.
Decisiones difíciles de Apoyo y  la Iglesia:  Una vez que la familia acepta que Karen estaba en un estado vegetativo persistente y no se recuperara, se reunieron para determinar el próximo paso.
La familia consideró que Karen no deseaba que se le mantuviera con vida por medio de máquinas y métodos artificiales. Llegaron a la decisión de desconectarla del respirador y que se le permitiera volver a su "estado natural".
Con el apoyo de su sacerdote de la Iglesia Católica, la familia se reunió con los doctores de Karen y los funcionarios de St. Claire del hospital el 31 de julio de 1975.  Pidieron  la desconexión del respirador de Karen. El hospital inicialmente estuvo de acuerdo, pero luego cambio de opinión.
Batalla legal:  Los Quinlans apelaron a los tribunales para pedir permiso para ayudar a Karen a morir con  dignidad.
La batalla legal comenzó en una sala de Morristown, donde pidieron quitar el respirador  a su hija.Un tribunal nombrado por el tutor para Karen sostuvo que los padres no tienen derecho a proponer lo que equivale a la eutanasia. Los Quinlans perdieron  la primera ronda en la Corte Superior, pero finalmente ganaron su caso, cuando fueron escuchados por la Corte Suprema de Nueva Jersey.
 El caso establece el derecho del paciente a rechazar la atención médica y el control de su tratamiento médico.

Después de retirar el respirador, Karen continuó  respirando por su cuenta. Ella se mantuvo con vida en un asilo de ancianos con nutrición e hidratación artificial.
Karen Ann Quinlan falleció el 11 de junio de 1985, de neumonía, nueve años después de haber sido retirado el respirador. Karen Ann Quinlan tenía 31 años en el momento de su muerte.
El legado de Karen Ann Quinlan:
El casocambio la forma en que muchos ven la vida, la muerte, lo que es una vida y una muerte digna.
1. Comités de Ética - El caso llevó a la necesidad de crear comités de ética en todos los hospitales, hogares de ancianos y hospicios.
2. Testamentos de vida / Directivas de Atención Anticipada - Es un documento que resume los deseos de una persona respecto de "medios extraordinarios" para mantener la vida.
3. Cuidado de la Salud delegados - El fallo de la Corte Suprema nombró al padre de Karen como su tutor, quien tiene derecho a tomar decisiones de atención médica en su nombre.
4. Karen Ann Quinlan Hospicio - Inaugurado en 1980 para proporcionar atención de hospicio en partes de Nueva Jersey y Pennsylvania.
Informe de la patología - La autopsia del cerebro:
En 1994, Kinney et. al. al. publicó los hallazgos neuropatológicos en el cerebro de Karen Ann Quinlan.  Las lesiones en el cerebro eran compatibles con la hipoxia-isquemia, a raíz de un paro cardiorrespiratorio.
Encontraron graves daños en el tálamo en comparación con la corteza cerebral, esto apoya la hipótesis de que el tálamo es necesario para la toma de conciencia, percepción y juicio.  En otras palabras, el área que le permitía ser consciente fue dañada por la falta de oxígeno a su cerebro.

Carrera 11 No.73-44 Oficina 508 - Telefonos: 345 40 65 - 347 33 65 - Telefax: 313 16 07 - Bogotá - Colombia
Pertenecemos a la Federación Mundial del Derecho a Morir. www.worldrtd.net
2001. Todos los derechos reservados. All rigths reserved.